sábado, 21 de febrero de 2009

Una aventura de principio a fin: Montecarlo historique 2009

Primera parte: Ourense - Barcelona

Con bastante antelación, preparamos este viaje que al final se convertiría como ya nos imaginábamos en una gran aventura, aunque con lo que no contábamos ni Javier ni yo es que lo fuera desde el mismo instante que comenzó.

Durante los meses de diciembre y enero, se trató de asegurar al máximo que nada nos lo amargase. No era para menos, pues se trataba de seguir el Rallye Montecarlo historique, a los mandos de un coche con ya 30 años a sus espaldas. El elegido, un "potente" Ford Escort MK2. En este previo también se reservaron los hoteles necesarios para todo el viaje.

Este coche, en un envidiable estado de salud, fué profundamente revisado en los talleres de "Rantur", en Ourense, buscando sobre todo la fiabilidad. Así, se sustituyeron todos los manguitos del sistema de refrigeración del motor, también los de la calefacción, termostato, etc...


Se revisaron en profundidad los frenos, colocando pastillas nuevas, y amortiguadores, con una pareja nueva al frente. Como por delante nos esperaban no menos de 5000 kms, se cambiaron aceites y valvulinas, así como filtros, etc...


Se colocaron ruedas mas apropiadas para el tipo de carreteras por las que presumiblemente íbamos a circular, siendo las elegidas un neumático estrecho y de invierno, del tipo "contacto", las mas apropiadas para la nieve. Recordando a los Fors Fiesta de "Autopráctico" de hace 30 años, se utilizaron llantas de Ford RS pintadas en negro mate. El coche estaba ya listo para recibir las pegatinas.


Dado que era posible que las condiciones fueran realmente adversas, se preparó un par de ruedas con cadenas ya colocadas, y que se situaron en los asientos traseros del coche, consiguiendo con esta ubicación el espacio necesario en el maletero para nuestro equipaje, así como para un importante volumen de elementos que podrían ayudarnos en el viaje, entre los que destacamos un arrancador, un bidón de gasolina, suficientes herramientas para operaciones serias, así como suficiente cantidad de refrigerante y aceites, y pequeño piecerío que pudieramos necesitar. Además evitábamos así el tener que llevar una baca en el techo, corcunstancia que hubiera afeado mucho la estética de nuestro coche.

Finalmente, la última noche antes de partir, la dedicamos a colocar sobre la carrocería los adhesivos de la gente que hizo posible que se pudiera llevar adelante este viaje, figurando em lugar destacado el nombre de AutoHebdo, revista que de alguna manera "apadrinó" esta aventura. Como no podía ser de otra forma, se recuperó el Logo de los años 80 para que no desentonara. También Formula Kit, Mangallo classic, Escudería Ourense, Marvic, y Rantur, tenían su espacio en la carrocería. Por último, y como un guiño personal, se colocó el nombre de Rodam a ambos lados, como sencillo homenaje a este concesionario "Ford" de portugal, que en los 80 apoyó al equipo "Diabolique" que corría precisamente con los Ford Escort MK2. El coche quedaba listo a las 02:00 de la madrugada del 29 de enero.

Las 07:00 de la mañana de ese mismo día 29 era la que habíamos marcado como hora de partida hacia Barcelona, lugar al que pensábamos llegar, manteniendo un ritmo tranquilo a las 8 de la tarde, y de esta forma disponer del necesario tiempo descanso previo a la que iba a ser una dura etapa de concentración.


Sin embargo, al poco de salir ya fuimos conscientes que el coche no marcha como debiera. Inicialmente lo achacamos al exceso de equipaje, pero al poco descubrimos que el problema era otro mucho mas serio. Obligados a salirnos fuera de la autovía y detenernos, comprobamos que tenemos problemas de refigeración en el motor. Nos hemos quedado sin agua y debemos de reponer casi 2 litros. Ante esta circunstancia, y dado que apenas hemos recorrido 70 kms. de los mas de 1000 que nos separan de Barcelona, decidimos volver a Ourense. Son las 08:00 de la mañana, y presumiblemente el taller de Rantur estaría cerrado, pero en un intento sin esperanza realizamos una llamada, respondiendo ante nuestra sorpresa Antonio, que nos indica que volvamos directamente al taller lo antes que nos sea posible, que allí nos aguarda para ver cual es el problema. A las 9 llegamos, después de detenernos hasta en dos ocasiones obligados a reponer agua en el motor. El primer veredicto, una vez revisado el motor, es demoledor: la bomba de agua está rota, y la junta de culata ha cedido... se nos queda una cara de tontos que no nos la creemos... Antonio nos dá las llaves de su coche, un mini "de los de verdad", y nos dice que nos marchemos a desayunar, que el se encargará de todo. Así lo hacemos, llenos de pena.


Sin embargo, no nos lleva mas de media hora ese desayuno, ya que estamos intranquilos con el asunto del coche y la posibilidad de que todo se haya ido al traste tras recorrer solo 70 kilómetros. Cuando llegamos al taller, Antonio, con su hijo Jorge y el mecánico mas experimentado del taller, Benito, están trabajando a un ritmo frenético en el hueco motor del Escort. Ya han abierto totalmente el motor, retirado la bomba del agua, y estan preparando todo para colocar las nuevas piezas... que hay que localizar como sea!!!



Tras varias llamadas, y varios "lo siento, no lo tenemos", se localizan por fin junta de culata y bomba de agua. Mientras Benito y Antonio colocan la junta, Javier y yo, de nuevo en el Mini de Antonio, nos vamos a por la bomba de agua al recambista a unos 5 kilómetros del taller. No pasan mas de 15 minutos entre que vamos y volvemos, ya con la bomba. Una vez en el taller, y tras un primer vistado, Benito sentencia: "esta bomba no sirve". En ese momento pienso otra vez en mi amigo Fran Alonso, de Vigo, y con el que ya había hablado anteriormente ante la posibilidad de no encontrar la bomba de agua en Ourense, y tener localizada otra en Vigo y que si fuera necesario el mismo me acercaría al taller. No es necesario, ya que después de examinar la bomba recien comprada, Antonio llega a la conclusión que si vale haciendo una mínima modificación, encontrando el consenso de Benito, por lo que se ponen a ello.

Son poco mas de las 11:00 de la mañana y todo va a un ritmo endiablado, frenético... lo que a nosotros nos devuelve la sonrisa en la cara: El coche será reparado, y casi con toda seguridad a última hora de la mañana o primera de la tarde si la cosa se tuerce, nos pondremos de nuevo en marcha.

A las dos de la tarde, y después de algún dolor de cabeza con la junta de la bomba de agua, el coche está otra vez listo para partir al viaje. Confiados, iniciamos por segunda vez el camino aunque por la hora que es, nos detenemos a la altura de Xinzo para comer algo. El coche parece que va bien, pero después de lo vivido a primera hora de la mañana, tratamos de comer lo mas rápido posible y volver a iniciar la marcha. Efectivamente, una vez retomamos el camino, aparecen otra vez los problemas... no nos lo podemos creer!!!

Esta vez hemos llegado casi hasta A Gudiña, lugar en el que nos detenemos porque la temperatura va anormalmente alta. Llamada de rigor a Rantur, dudas por ambas partes y decisión muy meditada: volvemos de nuevo al taller. Son ya las 16:30, y deshacemos de nuevo lo poco avanzado. Serán casi las seis de la tarde cuando llegamos otra vez al taller. Varias paradas para reponer agua son las culpables. Con los ánimos totalmente por los suelos, pensamos en un problema mas grave del que al final resultó.


Se detecta rapidamente, siendo el culpable el ventilador que no va como debería, por lo que se sutituye y en poco mas de media hora, tomamos la salida por tercera vez de Ourense.

Ante el panorama y las lógicas dudas que a Javier y a mi nos inundan, decido que llevaré el coche a un fuerte ritmo, al menos hasta que pasemos el Padornelo... pensando que si algo debe de fallar, al menos que lo haga cerca de casa como había sucedido hasta ese momento. En todo momento la temperatura se mantiene bien, y superamos los puertos sin problemas, por lo que queda claro que ahora si todo está Ok, y el coche parece dispuesto a llevarnos hasta Barcelona.

De todas formas, el viaje se ha retrasado en 12 horas, y lo de dormir antes de iniciar el rallye se nos ha complicado. Si eso fuera poco, tenemos que hacer todo el viaje de noche, y con una temperatura exterior muy desapacible. Sin apenas detenernos, tan solo para cenar, y manteniendo una velocidad constante de 100 kms hora, llegaremos a Barcelona a las 9 de la mañana de viernes, ya día 30. La monotonía del viaje por autovías y autopistas a esta relajada velocidad vencen a Javier en varias ocasiones, en las que no es capaz de mantenerse despierto, y de esta forma, al menos él duerme un poco.



Son las 9:30 y estamos en el hotel, en donde hablo con recepción y le cuento nuestra pequeña aventura, les damos tanta lástima que parece que se apiadan de nosotros, dejándosnos la habitación hasta las tres de la tarde para que al menos podamos dormir algo y sobre todo, tomar una reconfortante ducha. Antes de eso, llevamos el Escort al parking que está situado justo debajo del parque cerrado del rallye situado como ya es tradición en la Avd. de la Catedral, apenas a unos 200 mts de nuestro hotel. Una vez hecho nos vamos a desayunar, tras lo cual Javier decide quedarse allí para ver el ambiente, no está tan cansado como yo pues el ha podido cerrar los ojos durante la noche, mientras yo me voy a dormir al menos tres o cuatro de horas antes de tener que dejar el hotel.

Poco antes de las tres de la tarde Javier se pasa por el hotel, yo ya estoy listo para marcharnos, así que recogemos todas nuestras cosas, y nos vamos a disfrutar de los momentos previos de la salida, en los que conversaremos entre otros con la gente de Marvic, Marcos, Casla, Fran y Javito, que este año harán asistencia a dos coches que se han construido en Marvic. También está por allí Roselló, que se detiene unos minutos con nosotros para ver nuestro coche y saber algo mas de nuestra aventura.

Segunda parte, etapa de concentración: Barcelona - Mónaco.

Esperamos a que efectúen su salida la primera veintena de vehículos, tras lo cual estimamos es el momento adecuado para que nosotros empecemos la etapa de concentración de nuestra particular aventura. Particular y muy relajada, ya que para comenzar Javier planea una tranquila cena en una localidad próxima, Vic, con un anfitrión de lujo, J. Autet, el que fuera copiloto de "Mía" Bardolet, y ahora centrado profesionalmente en el mundo de la comunicación y el periodismo. Será una hora de distendida y muy fluida conversación, en la que también nos acompaña su mujer e hija y que se nos pasará muy rápido, nos quedan ganas de más, pero tenemos que partir, ya que de nuevo vamos con "retraso".
Seguimos por lo tanto nuestro camino, el mismo de los participantes, y de esta forma podremos comprobar las complicaciones que puedan sufrir todos ellos, y si en el trayecto nos encontramos con alguno de los "nuestros" en apuros, tratar de ayudar en lo posible. De todas formas, Las condiciones son relativamente buenas, ya que el asfalto se presenta limpio, y tan solo la niebla nos dará algún que otro dolor de cabeza, siendo el paso de la frontera con Francia el trozo que peor cara nos muestra.



















lunes, 2 de febrero de 2009

Primeras fotos... Así se nos vió en el Monte-Carlo 2009, y así lo vimos nosotros.


Os mostramos unas imágenes de nuestro coche durante nuestra particular aventura de este año. También algunas de las imágenes que pudimos captar.












lunes, 26 de enero de 2009

Al Rallye de MonteCarlo 2009, de periodistas, como hace 30 años...




Javier y yo os presentamos nuestro reto para el Montecarlo historique de 2009: será un homenaje a aquellos periodistas que seguían las pruebas del Mundial de Rallyes hace 30 años, en los que Internet aún no existía, y no había otra forma posible de tener informados a los aficionados a este deporte, más que acudir "in situ" al lugar donde se celebraba la competición, pruebas que duraban varios días y en las que se recorrían muchos kilómetros.


Nosotros, y ante la imposibilidad de participar este año, nos hemos aventurado a vivir el rallye de la misma forma que estos profesionales hacían en los 70. Para ello, acudiremos además con un coche muy significativo de aquella década, un Ford Escort MK2 que ha sido convenientemente revisado para que responda de forma satisfactoria a este reto.


Nuestro particular Rallye comenzará en Ourense, desde donde partiremos a los mandos de este coche que ya cuenta con 30 años a sus espaldas, y al que por delante le esperan unos 4500 kilómetors entre el desplazamiento a Barcelona, el seguimiento del rallye, y por supuesto, el trayecto de regreso a nuestras casas.



En el momento de escribir estas lineas, el coche permanece en los talleres de "Rantur", a punto de ser finalizadas las labores de revisión. Solo queda vestirle para la ocasión, cosa que reservamos, como es tradición, para la noche anterior a nuestra partida, que tendrá lugar a primera hora de la mañana del jueves, día 29 de enero, esperando llegar a Barcelona a útlima hora de ese mismo día, lugar desde el cual el 31 de enero y ya por la tarde tomarán la salida los participantes que han elegido a esta ciudad como punto de inicio de su aventura.





Los "zapatos" ya están listos para calzar al Ford Escort MK2... y siguiendo la tradición iniciada en 2007... ¿quien necesita clavos?

martes, 25 de noviembre de 2008

Monte-Carlo 2009: Lista de inscritos.

El ACM ya ha colgado en su web la lista de admitidos para la edición de 2009:


http://www.acm.mc/rmch/rmch_main.php?page=2009/engages_alpha_2009.php

A todos ellos, enhorabuena. Nosotros estaremos siguiendo sus pasos muy cerca...



miércoles, 5 de noviembre de 2008

2009: Otra forma de vivir el Monte-Carlo Historique...

Después de las dos experiencias anteriores, por cierto muy distintas entre ellas, Javier y yo nos hemos planteado un nuevo reto, encontrar una forma diferente a ambas de disfrutar de esta aventura. Dentro de poco os contaremos como va a ser nuestra edición del 2009. Esperamos sorprenderos con nuestra idea...


sábado, 4 de octubre de 2008

domingo, 8 de abril de 2007

Nuestros retos...

RALLYE MONTE-CARLO HISTORIQUE 2007
Desde el coche 191

Hace cuatro años que participé por vez primera en el Monte-Carlo Historique y podríamos decir que resultó un flechazo “a primera vista”. Fue en un ya lejano 2003 con un Lancia Fulvia, que tal y como decía en la entrevista que publicó la revista “Magazín Motor”, a la mínima que tuviese oportunidad, repetiría la experiencia. Y esta se presentó a mediados del pasado año.





Después de recibir (una vez más) la documentación que año tras año me enviaba el Automobile Club de Mónaco (ACM), esta vez para su décima edición, y con la imagen en lugar destacado del Mini Cooper con el que Aaltonen consiguiera la que a la postre fue la última victoria de un Cooper en esta carismática prueba, lo tuve claro: “este año hay que volver”. También estaba convencido del coche que habría que llevar, solo me valdría un pequeño Austin Cooper MK1, similar al que utilizara Aaltonen en su victoria cuarenta años atrás. Javier Figueiredo sería en esta ocasión mi compañero en la aventura, recibiendo la propuesta con ilusión.





Encontrar el coche fue una tarea más o menos sencilla por la ventaja de tener un país como Portugal cerca de nosotros, con una cultura por el automóvil muy superior a la nuestra. Comprado el coche, quedaba lo mas difícil, estar a tiempo en la línea de salida con todo preparado, siempre que el ACM admitiera, claro está, nuestra solicitud de inscripción. Ya antes de eso hubo que tomar decisiones arriesgadas, como el iniciar una profunda preparación del coche, sin saber si finalmente participaríamos, pero no podíamos permitirnos el lujo de esperar la confirmación para preparar el vehículo, ya que el tiempo jugaría siempre en nuestra contra.


De esta forma se enviaba la solicitud de inscripción allá por el mes de octubre (hay que señalar que desde que el ACM la recibe ya te cobra el total de la inscripción, que este año ascendía a 3400 euros más otros 100 en concepto de licencias), los trabajos en el coche ya iban a buen ritmo. La gente de “Marvic” se encargó de ir colocando los elementos necesarios para afrontar la prueba con ciertas garantías: barras, segundo depósito de combustible, asientos clásicos, faros suplementarios, y distintos elementos de navegación, además de darle un repaso a una carrocería con ya cuarenta años a sus espaldas.

Cuando “Marvic” terminó con su parte de la tarea aún no conocíamos si el ACM nos aceptaba o no en la décima edición de “su” rallye, pero según los rumores que nos llegaban habría recibido más de 800 solicitudes. La cosa en ese momento no estaba nada clara para nosotros, por lo que cierto pesimismo nos invadió a Javier y a mí. De todas formas se decidió seguir adelante llevando el coche a los talleres de “Rantur” para poner en orden el aspecto mecánico del coche. Caja de cambios, frenos, carburación, sistema de escape y suspensión, fueron las principales cosas que se revisaron.

La buena noticia llegó antes de sacar el coche de allí porque el ACM nos había admitido a tomar parte en la prueba, junto a otros 319 coches más, siendo recibida con gran alegría por parte de los dos. Tan solo once Mini Cooper, entre ellos el nuestro, podrían rendir homenaje a la última gran gesta de este pequeño auto, que tuviera lugar 40 años antes. No era para menos ya que, cuatro años después, volvería a tener la posibilidad de recorrer las impresionantes carreteras que conforman la prueba con más historia y glamour de cuantas han existido y existen.


Nuestra previsión a la hora de realizar los trabajos necesarios sobre el coche trajo buenos frutos, consiguiendo tener todo preparado con bastante antelación a la cita, permitiéndonos incluso el lujo de poder probarlo antes participando en una prueba en Galicia, puliendo así pequeños detalles.

El día 26 de enero daba comienzo el rallye, en nuestro caso desde la ciudad de Barcelona junto a otros 70 coches con la mayor parte de equipos españoles. Entre ellos tan sólo un Cooper, el nuestro. Aún me sigue sorprendiendo la simpatía que un Mini despierta en la gente que lo ve. Si a eso le añadimos lo acertado de la decoración que llevábamos, dicha simpatía se transformaba por momentos en admiración.

Ese día pude volver a encontrarme con amigos que había hecho en el 2003, entre ellos estaba Manolo Correa, que al igual que yo, no tuvo oportunidad de repetir aquí desde entonces. Acompañado de su mujer Cristina, estaban en su viaje de novios y participaban “con lo puesto”. Digno de admiración por todos.

También pude ver de nuevo a Pepe Villalba, momento que aproveché para recordar su participación de 1966 con el ourensano Estanislao Reverter en un Cooper de su propiedad y que nuestro paisano acabó por estrellar en La Turbie en un momento de confusión y tensión.


Fue increíble escuchar de su viva voz el relato de una historia que ya conocía, pero que narrada por uno de sus protagonistas hacen ya bueno todo el esfuerzo para poder estar en esta prueba. Sus consejos, impagables, serán puestos en práctica a la mínima que me vuelva a ser posible, espero que muy pronto.





El rallye comenzó con una larga etapa de concentración de 800 km en la que invertimos 17 horas de manera continuada. Aún me sigue sorprendiendo la admiración y respeto que levanta la prueba y quienes en ella participan a los habitantes de los lugares por los que discurre. Es algo que en España es impensable a día de hoy.

Dicha etapa terminaba en St. Etienne al mediodía del sábado 27, aunque a diferencia de la última vez que había hecho el rallye esa tarde era de descanso. En parte muy de agradecer, pero cierto es que pierde algo del encanto que siempre rodea a la prueba. En 2003 llegamos justo para salir a las primeras zonas de regularidad, hoy lo veo con simpatía y cariño, pero recuerdo lo duro fue que en su día.

El día 28, domingo, salíamos de St. Etienne para disputar las primeras pruebas de regularidad. En ellas fue donde Javier y yo nos dimos cuenta que no iba a ser sencillo llegar hasta el final. Olvidando una buena clasificación ya desde antes de tomar la salida de Barcelona, nuestro objetivo estaba en llegar a Mónaco dentro de la clasificación, aunque fuera en el último puesto. Sin embargo nada más empezar el primero de los tramos, comprendimos que este objetivo no iba a ser fácil. Las carreteras presentaban un asfalto que en muchas y largas zonas estaban cubiertos por el temible hielo. Esto no debería significar mayor problema, sino fuese por el hecho de que nosotros no disponíamos de neumáticos con clavos. Pese a que se puso todo nuestro esfuerzo por conseguirlos desde dos meses antes del rallye, no fue posible, contando sólo con gomas más propias para la nieve o la tierra. Además en este primer tramo salimos con el coche “bonito para la foto”, es decir, neumáticos anchos y baca al techo con tres ruedas más, amén de dos latas de combustible de 10 litros cada una que iban llenas, por supuesto.






En esas condiciones el coche era muy difícil de llevar derecho por los toboganes de hielo en los que estaban convertidas las carreteras de los tres primeros tramos, siendo constantes los sustos, que se sucedían de manera continua. Lo peor era que en esas condiciones tendríamos que hacer los tres primeros tramos, con un control horario muy ajustado al término del último, en donde nos estaría esperando la gente de Autopasión, nuestra asistencia. Aún no sé cómo pudimos conseguirlo, pero fuimos capaces de completarlos y llegar en hora a dicho control, eso sí, justo en nuestro minuto, después de arriesgar bastante en el último enlace.




Una vez pasado con éxito este control y después de hablarlo con nuestra asistencia, se decidió acertadamente desalojar la baca del coche y poner las ruedas estrechas. El coche se volvía más “feo”, pero ¡qué diferencia! En los tramos era mucho más gobernable y previsible, volviendo la conducción más segura y pudiendo disfrutar por momentos en lugar de sufrir continuamente. En la zona de regularidad siguiente, con la confianza que ahora nos transmitía el coche, obtuvimos la que a la postre sería nuestra mejor clasificación en un tramo: un octavo puesto empatados con el séptimo y muy cerca del vencedor. Era el mítico Burzet, el más largo de todo el rallye con algo más de 39 km. Las ruedas no volverían al techo del coche hasta la última noche, curiosamente cuando el hielo volvió a hacer acto de presencia de forma muy importante y decisiva.


Concluimos esta jornada en la localidad de Valence, lugar del que saldríamos al día siguiente con dirección a Briançon, disputando entre ambas cuatro tramos de regularidad con condiciones muy cambiantes como sucedió en el segundo del día, en el que tras atravesar un túnel situado en la parte media del tramo, pasamos de una carretera totalmente limpia sin rastro de nieve a otra que al encontrarse en zonas más sombrías, estaba cubierta por una impresionante capa de hielo en los 10 km que aún restaban por terminar el tramo. Quien más, quien menos, trató de salvar los “trastos”, pero algunos pagaron caro el riesgo asumido, siendo varios los que terminaban allí con sus ilusiones de llegar a Mónaco y con el coche bastante tocado fuera de la carretera. En el control horario que venía a continuación en la estación de Clelles-Mens todos comentábamos la “jugada” con resignación.

Al final del día y después de estos cuatro tramos se realizaba una especial sobre el circuito de hielo de Serre Chevalier. Este año la organización había creado un “Trofeo de los Circuitos” fuera de la clasificación propiamente dicha del rallye, para este trazado en conjunto con el que se realizaría la última noche por las calles de Mónaco. Para nosotros, como para otros muchos, lo que tocaba era sencillamente diversión sin pretensión alguna a optar a dicho trofeo. Pese a todo y en el cómputo de ambos logramos una muy digna 99ª posición. Llegada a Briançon cuando ya anochecía y bajo una temperatura totalmente desapacible, como venía siendo habitual en los días anteriores.

El martes 29 partíamos de Briançon, ya con Mónaco a la vista. Tan sólo 350 km y tres zonas de regularidad nos separan. En el primer tramo nos llevamos un buen susto cuando una placa de hielo negro nos sorprende en una bajada, pese a que estamos siendo avisados por un grupo de aficionados que nos alertan de su existencia. Es demasiado tarde y el pequeño Cooper se va de costado varios metros, pero por fortuna sin tocar con los muros de piedra que delimitan la carretera. Si el coche fuera más grande, la historia hubiera sido muy distinta. Seguimos después de varias maniobras para salir del lugar, comentando Javier y yo los peligros de esa zona, a la par que recibo mi primera reprimenda por lo que acaba de suceder. Al finalizar el día nos enteramos que en ese punto al menos seis coches acabaron allí el rallye, entre ellos el de Pepe Villalba y Elena Sunsundegui, que venían justo después de nosotros. Quizá la culpa entonces no fuera del todo mía, al fin y al cabo.



El resto de tramos no nos deparan sorpresas, así que sin más incidencias conseguimos llegar a Mónaco. Alegría contenida, ya que aunque estamos en Mónaco, todavía queda la temida etapa de la noche. Durante este día mucho nos han dicho de lo que nos vamos o no a encontrar. En nada se parecería al final con lo que hubo.

Una rápida visual por el parque cerrado daba buena idea de lo duro que estaba siendo el rallye. Para nosotros, por fortuna, todo marchaba bien, incluso estábamos situados en una posición más que aceptable para los neumáticos con los que estábamos haciendo la prueba, manteniéndonos en torno al puesto 120. La organización nos alojaba en el Hotel Paris, uno de los mejores de Mónaco. Esa tarde serviría para retomar fuerzas de cara a la noche, que aún nos deparaba sorpresas. Después de preguntar a unos y otros, parecía que iba a ser un mero trámite, ya que nos comentaban que las carreteras estaban limpias y que la niebla no haría acto de presencia tal y como estaba discurriendo la tarde.



Con esa idea nos preparamos para salir a la última etapa, con salida y llegada en Mónaco.





Colocamos dos ruedas en el techo del Mini, para “hacer bonito” en la foto del podio de Mónaco, y nada más bajar de él, tres vueltas a un circuito que unos días antes ya habían utilizado los WRC en el Monte-Carlo “de verdad”, el cual ocupa parte del trazado del circuito de Fórmula 1. En la chicane de la piscina podemos escuchar alguna que otra ovación, haciéndose de nuevo patente la simpatía hacia nuestro pequeño auto.


La salida de Mónaco es increíble, siempre con una pronunciada pendiente, barrancos y una horquilla tras otra. Llegamos a la salida del Col de la Madone y mientras esperábamos nuestro turno “Tchine”, el conocido piloto monegasco, intenta colarse. No le dejamos. En el ascenso es imposible hacer la media con el limitado motor de 998 cc del Austin Cooper. En la cima mucho público y el estado de la carretera malo. El hielo hizo acto de presencia y de repente vemos a un Fulvia empotrado contra un árbol. Un coche que venía detrás de nosotros nos pita y tratamos de dejarle paso, pero como no cabemos los dos golpea nuestro vehículo, desplazándonos violentamente hacia la derecha, donde la carretera termina en un impresionante barranco. Es el número 7. Más adelante, un VW 1302 en la cuneta. Con mucha tensión acumulada pudimos llegar a Peille, donde finaliza el tramo. Miro quién es el gracioso que nos dio el golpe. Nada menos que “Tchine”, quien ni siquiera se disculpa del incidente. ¿Se habrá molestado porque no le dejamos pasar en la salida? Es posible.




El Turini, o Sospel-La Bollene Vesubie, es el más sencillo de todos, pues la ausencia de hielo y nieve lo hace más fácil, aunque otra vez el Austin Cooper se ve penalizado por la enorme cantidad de lacets (horquillas) que hay hasta la cima. En el descenso intentamos recuperar y por primera vez en cinco días los frenos sufren un poquito, pero lo arreglamos antes de afrontar la última zona de regularidad. Para el ACM este tramo es muy importante, hasta el punto en que hasta hay un premio para el primer clasificado.




Llegando a la parte final, Javier se muestra bastante preocupado por lo que está viendo, quiere terminar como sea, por lo que me pide precaución ya que teme una emboscada en la parte final de la especial. No se equivoca, porque los últimos 8 km están completamente helados y vemos como alguno da la vuelta ante el panorama que allí ven. No quieren riesgos. Nosotros somos valientes, quizá demasiado, y nos metemos, aunque el coche está a punto de quedarse en dos horquillas, ya que el hielo nos impide avanzar. Pienso en las cadenas que llevamos en el maletero, pero por fortuna no son necesarias.

Con muchos nervios llegamos al último control y un enorme retraso después de adelantar a algún vehículo en la bajada, que va aún con más miedo o precaución que nosotros. Por fin llegamos a la asistencia y la alegría es indescriptible, aunque el recorrido nos depara una sorpresa final, ya que el enlace hasta Mónaco es por una carretera local. Afortunadamente está bastante bien por lo que llegamos sin problemas al parque cerrado. Allí muchos equipos celebran con champán el haber terminado, entre ellos el numeroso grupo belga del Team Loos International o los Oliva, que han hecho la proeza con su Seat 127.

El día 31 lo dedicamos a pasear por Monte-Carlo y a comprar las obligadas y caras fotos del rallye acompañadas de los recuerdos. Después de dar un buen paseo por uno de los lugares con más glamour del mundo nos vestimos “de etiqueta” para la cena de gala en el Sporting Club de Mónaco. Tenemos la suerte de coincidir en la misma mesa con los Oliva y los Queiroz, éstos viejos conocidos de las pruebas gallegas. Un cantautor y una orquesta amenizan una cena discreta que sin llegar a ser mala tampoco destaca demasiado, llegando a los postres la increíble actuación del ballet Russian Extravaganza, que durante esos días se encontraba por Mónaco realizando pases en el Casino.



Es el turno de Michel Ferry, el director de la prueba, que avanza antes de ver el vídeo la posibilidad de que puedan participar el próximo año los Grupo B hasta 1986, pero encuadrados en otra categoría. El respetable abuchea la decisión, por lo que nos da la impresión de que se lo pensará mejor, aunque en el momento de redactar estas líneas parece que ya se ha decidido que estos impresionantes vehículos sí se podrán ver el próximo año. Con la entrega de trofeos al son de la espectacular Marcha Radetzky de Johann Strauss padre finaliza la velada. Cuando nos retiramos, otros se quedan bailando, como el incombustible Pepe Villalba, que no pierde el buen humor a pesar de no poder terminar. Volvemos al hotel en el autobús acompañados de Manolo Correa y Cristina Olivares, con quienes compartimos unas cervezas, ya que la intención de acceder al Casino no es posible al encontrarse cerrado.

Aún hay tiempo en la mañana del jueves 1 de febrero para dar un paseo por Monte-Carlo antes de partir hacia España. Esta es la parte más dura pues el viaje se hace eterno. En Lleida nos despedimos de nuestra asistencia y sus amigos, siguiendo nosotros ruta hacia Galicia, adonde llegamos a nuestro querido Ourense a las nueve de la mañana del viernes después de 21 horas de viaje.



No quiero terminar este relato sin dar las gracias a Paco Valdés y François Camacho de Autopasión por su enorme y profesional trabajo con la asistencia, a Fórmula Kit, a Antonio “Rantur”, a Talleres “Marvic”, y a Javier Figueiredo por haber compartido esta aventura conmigo.

Si pinchas en el siguiente enlace, podrás ver nuestra aventura relatada en el programa de la televisión de Galicia, "Galicia Ras".

http://www.youtube.com/watch?v=T68uBrTfVhY

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julioalvarez1973@yahoo.es